REFUERZO INTERMITENTE: ¿Cómo NOS AFECTA el RECIBIR RECOMPENSAS de FORMA DISCONTINUA?

Ser premiados o alentados por nuestro esfuerzo es algo que todos deseamos alguna vez y, en gran parte, la conducta está condicionada por las circunstancias, tanto internas como externas. Por ello, el recibir recompensas de forma discontinua tiene efectos negativos en nuestra psiquis.

Veamos las consecuencias del refuerzo intermitente y los tipos de refuerzo que recibimos durante nuestro desarrollo personal o profesional. ¡Vamos a allá!

¿Cuáles son los efectos de recibir recompensas de forma discontinua?

Gracias a que la conducta está condicionada por las circunstancias, la mayoría de las personas se sienten más inclinadas a repetir un comportamiento cuando este se ve premiado, a la vez de reprimir uno que es castigado.

Dicho esto, los refuerzos tienen un impacto considerable en la dinámica de vida de todos; y esta es la razón por la que los padres y maestros logran modificar las conductas de los niños a temprana edad.

Ahora bien, existen tres tipos de refuerzos: positivos, negativos e intermitentes.

El refuerzo positivo está relacionado a ser premiados o alentados una vez que realizamos una buena acción o realizamos un trabajo mejor de lo esperado; mientras que el negativo es el que castiga o reprende cuando la conducta se escapa de lo considerado como bueno o agradable. Tanto el premio como el castigo son recibidos de forma constante; por ejemplo, si un niño se porta bien, es recompensado, pero si se porta mal, es reprendido.

En el caso del refuerzo intermitente, el premio o el castigo no siempre se cumplen. Es decir, a pesar de haber obtenido las mejores calificaciones, el niño no recibe ninguna recompensa; y si se ha peleado a golpes en la escuela, no es castigado al llegar a casa.

Normalmente, se cree que este tipo de refuerzo se emplea para hacer que se pierda el interés en repetir un comportamiento, ya que al no recibir nada no tienen razón para volverlo a hacer. Sin embargo, sucede todo lo contrario: el niño se obsesiona por repetirla con mayor esfuerzo y se vuelve ansioso al esperar lo que recibirá a cambio.

Esto no solo deriva en que el comportamiento se mantenga a largo plazo, también hace que el niño sufra por problemas de atención.

A pesar de que los niños son mucho más susceptibles a estos cambios, los adultos también pueden verse afectados al recibir recompensas de forma discontinua, aun cuando en su niñez no tuvieron ningún problema con el sistema de recompensas de sus padres y maestros.

La intermitencia genera un alto grado de expectativa y deseo. Al quitarnos aquello que recibíamos y ya no tenemos, ansiamos volverlo a recibir, por lo que mejoramos la conducta o la actividad que realizábamos anteriormente. Si esto no se controla, podemos llegar a sufrir de algún tipo de dependencia o adicción, como la ludopatía.

No obstante, también se debe considerar un hecho común y fundamental: Cuando recibimos constantes elogios y premios por un buen trabajo realizado, al poco tiempo perderán su efecto, nos sentiremos saturados y perderemos interés en recibirlos.

Por ello, el refuerzo intermitente es la dinámica preferida por las empresas, en las que se premia a los empleados, de vez en cuando, por su esfuerzo. Esto los ayuda a sentirse motivados en su desempeño laboral, sin llegar a volverse dependientes de la recompensa.

Ser premiados o alentados de forma discontinua hace que valga realmente el esfuerzo puesto en las actividades específicas, y no mal acostumbra a las personas a siempre recibir algo a cambio, más allá de lo acordado previamente.

Asimismo, las empresas son conscientes de que la conducta está condicionada por las circunstancias; por lo que, si buscan que sus empleados estén felices y sean productivos, los recompensarán con un ambiente laboral adecuado.

Aunque es importante tener cuidado en cómo se aplica este refuerzo, lo cierto es que posee consecuencias muy positivas cuando se aplica de forma razonable, y negativas cuando se abusa del mismo. ¿Lo han aplicado alguna vez?

Diana Núñez

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